¿Qué es Huertas Lúdicas?

El proyecto parte de la base de que “dentro de la amplia diversidad cultural que componen las complejas sociedades “urbanas” también nos encontramos, con un variado y emergente grupo social que tiene como centro de sus actividades culturales de tiempo libre, el re-encuentro con la antigua cultura rural y la naturaleza.

El cultivo de tus propios alimentos (raíz de la cultura rural) siguiendo el método de la agricultura ecológica y tradicional nos sumerge en un mundo de respeto al medio ambiente, de contacto con los ciclos de la naturaleza, de trabajo en cooperación, de salud y aprendizaje de conocimientos y valores ya casi olvidados.

Un huerto es un lugar de interacción con la naturaleza y el hombre y su cultura. Las ciudades tienen poca naturaleza y poca agricultura. La mayoría de sus habitantes se han desvinculado de la naturaleza y de sus orígenes.

El cultivo de un huerto además resulta una actividad sumamente creativa y gratificante, al tiempo que resulta una excelente terapia muy relajante.

Muchos pensarán que dentro de un ambiente urbano es difícil o imposible poder tener una huerta. En la práctica, un huerto familiar no requiere ni demasiado tiempo ni demasiado esfuerzo, aunque sí exige un mínimo de ganas de trabajar y cierta sensibilidad hacia la naturaleza.

Hay que se disponer de un cierto espacio, de algunos ratitos al día o a la semana y de un mínimo de información básica. Una vez que tenemos estos tres elementos, resulta algo tan sencillo como gratificante, e incluso terapéutico, ya que, además de producir alimentos sanos y ecológicos, las labores en el huerto suponen un acercamiento y un contacto directo con la vida y la naturaleza, al tiempo que realizamos el ejercicio indispensable para mantenernos sanos y en buena forma.

Día a día nos damos cuenta de la importancia de consumir alimentos frescos, sanos y ecológicos. Continuas investigaciones en todo el planeta dejan claro, por un lado, los beneficios de una alimentación sana y equilibrada, con abundancia de verduras y frutas frescas, y, por otro lado, advierten de los serios peligros para la salud, a corto y largo plazo, de la presencia en los alimentos de restos de plaguicidas y de infinidad de sustancias tóxicas que se han ido añadiendo en los procesos de producción, transformación o comercialización.

Esta iniciativa permite disponer de un pequeño terreno en régimen de alquiler donde el cliente cultive su propia huerta de una forma ecológica, sencilla y para su consumo familiar.

Nuestro proyecto proporcionara además de un espacio adecuado, todas las facilidades y el asesoramiento necesario para que el cultivo de las huertas sea algo sencillo, divertido y gratificante.

El objetivo principal es lúdico, aunque la producción pueda llegar a ser importante. La motivación de nuestros clientes no debe ser el ahorrar dinero, sino pasarlo bien, aprender, experimentar, gozar con una recolecta fresca y de gran calidad.

No solo pretendemos cubrir la demanda de personas que quieren en la actualidad cultivar su propia huerta, sino animar a muchas más que no se lo habían planteado por parecedles algo prácticamente imposible dentro de un entorno urbano.

Escándalos como el de las vacas locas o los pollos con dioxinas son sólo la punta del iceberg de una industria agroalimentaria centrada en la obtención de los máximos beneficios al mínimo coste y basada en la mecanización de todos los procesos productivos y el uso y abuso de abonos químicos, herbicidas y plaguicidas, que fuerzan a la naturaleza a producir más allá de unos límites que permitirían mantener un mínimo equilibrio biológico y ecológico del entorno. A la negra marea de residuos tóxicos, cancerígenos o alteradores hormonales, con desastrosos efectos sobre la salud de los consumidores (y de los agricultores), se está añadiendo una larga lista de plantas modificadas genéticamente (OGM), con las que se promete aumentar la producción mundial de alimentos (aunque las experiencias de cultivos a gran escala demuestran que no es así), pero de las que se ignora por completo las posibles repercusiones negativas en cuanto a desequilibrios ecológicos y más aún en lo referente a la salud de los consumidores de tales productos.

Todo ello nos lleva a plantearnos la necesidad de consumir alimentos con garantía de producción ecológica, si realmente estamos preocupados por nuestra salud, la de nuestros hijos y la del planeta en su conjunto.

Valga de ejemplo una simple y cotidiana lechuga, tan familiar en la mayor parte de las mesas. Su producción con métodos naturales (sin forzar) suele conllevar que tal lechuga permanezca un mínimo de dos o tres meses en la tierra (absorbiendo nutrientes vitales y realizando fotosíntesis a partir de la radiación solar), mientras que su homóloga de cultivo químico estará en la tienda a los 50 días, como máximo, gracias a un desarrollo acelerado forzado con nitratos, agua y fitohormonas de aceleración del crecimiento vegetal. Los desequilibrios ecológicos y biológicos a los que se ven sometidas las pobres lechugas (y el resto de cultivos) se traducirán en una gran propensión a padecer toda clase de plagas y enfermedades, que serán controladas con plaguicidas químicos, parte de los cuales permanecerán como residuos en la planta al ser cosechada y en el momento de consumirla. La competencia de las llamadas malas hierbas se controlará básicamente a base de herbicidas, de los que tanto se está abusando que sus residuos empiezan a detectarse en las capas freáticas subterráneas e incluso en el agua potable de la mayoría de zonas agrícolas.

Esta iniciativa permite disponer de un pequeño terreno en régimen de alquiler donde el cliente cultive su propia huerta de una forma ecológica, sencilla y para su consumo familiar.

Nuestro proyecto proporcionara además de un espacio adecuado, todas las facilidades y el asesoramiento necesario para que el cultivo de las huertas sea algo sencillo, divertido y gratificante.

El objetivo principal es lúdico, aunque la producción pueda llegar a ser importante. La motivación de nuestros clientes no debe ser el ahorrar dinero, sino pasarlo bien, aprender, experimentar, gozar con una recolecta fresca y de gran calidad.

No solo pretendemos cubrir la demanda de personas que quieren en la actualidad cultivar su propia huerta, sino animar a muchas más que no se lo habían planteado por parecedles algo prácticamente imposible dentro de un entorno urbano.

Esta venta y compra de parcelas es complicada ya que cada vez la regulación de los terrenos rústicos es más estricta, por lo que las personas interesada en la compra y acondicionamiento de este tipo de terrenos se encuentran con muchas dificultades.

En la mayoría de los municipios no se pueden dividir los terrenos para su venta por debajo de 7500 m2, por lo que a un particular no le interesa la compra de un terreno de por ejemplo una hectárea que le puede costar en torno a los 180.000 € cuando solo necesitaría el 1 %, además de acometer obras e inversiones como un pozo, vallado de la finta, accesos, etc.

En muchos puntos de nuestro entorno hay personas que han instalado su huerto en terrenos públicos en desuso para instalarse y poner un pequeño huerto, generalmente en terrenos de difícil acceso, con casetas hechas con restos de basura, todos hemos visto alguna vez somieres de alambre haciendo de vallas.

Nuestro proyecto dará cambio radical de imagen a este tipo de asentamientos ofreciendo un servicio de máxima calidad con multitud de servicios y facilidades, sin dejar de ser asequible para la mayoría de las personas.